Entrenamiento y Coaching
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LA ACTITUD HACIA EL RUGBY III


ÚLTIMA PARTE DEL TEXTO DEL "VECO" VILLEGAS QUE SIGUE SIENDO MÁS ACTUAL QUE NUNCA. UNA LEYENDA DEL RUGBY.

Sábado, 27 de Mayo de 2017 | 08:31

La actitud antes del partido

Todos pretendemos que previo al partido los jugadores estén ciento por ciento concentrados en lo que va a ocurrir. No siempre pasa. Por eso entendemos que una buena forma de incentiva a esto es llegar al partido una hora y media antes del inicio del juego, ingresar al campo donde se jugará, chequeando el estado del campo (aunque en realidad la importancia de esto es sentirse ya mentalmente dentro el campo) e ingresar una hora antes al vestuario (ese es su lugar, con sus compañeros, con el olor al partido, con los ruidos de los tapones contra el suelo, sin ver otra cosa que su propia camiseta) en silencio, con disciplina y a las ordenes del capitán. Esta ceremonia logra concentración y motivación, dos factores fundamentales a la hora de desarrollar con excelencia la práctica del juego.

 

La actitud durante el partido

 

Ochenta minutos es el tiempo reglamentario de un partido de rugby; ochenta minutos es, entonces el desafío del jugador, ochenta minutos de tackle, carrera, posesión, recuperación, velocidad mental, concentración esfuerzo, sacrificio, unidad, compromiso, solidaridad, dientes apretados, visión clara del juego, motivación, reacción y entrega. Esta es la actitud que se espera de un gran jugador de rugby, todo lo demás puede esperar.  

Es deber del coach hacer comprender esta responsabilidad a los jugadores que integran un equipo.

Repetimos, ochenta minutos no quiere decir setenta y nueve, son ochenta minutos donde se decide el éxito o fracaso de un jugador y de un equipo. No queriendo decir con esto que éxito es ganar y fracaso es perder. Si un jugador y un equipo logran mantener durante ochenta minutos la actitud arriba mencionada, ha tenido éxito independientemente del resultado. Aunque es lógico que manteniendo esta actitud le costará mucho al rival ganar numéricamente.

 

La actitud al marcar un tanto

 

A lo largo de los años hemos visto cambiar las actitudes de los equipos al marcar tantos al rival. Históricamente los tantos no eran festejados con arranques futbolísticos, sino con respeto a quienes habían dejado todo para impedir la caída de su ingoal. Nuestra gran alegría estaba en marcar el tanto, no en el festejo. También ante esta correcta actitud evitábamos el riesgo de ser contrarrestados de la misma manera ya que nadie puede predecir el desenlace del juego, ni quién terminara victorioso y quién no. La historia no debe ser traicionada. No traicionemos la historia. Tratemos con respeto a quienes con hidalguía y valor defendieron con su integridad física su más preciado tesoro, su propio ingoal.

 

La actitud ante la derrota

 

A nadie le gusta perder, es la esencia del ser humano. Pero lamentablemente en cualquier contienda deportiva existen tres resultados posibles, ganar, perder o empatar. No es importante desde lo actitudinal como termine el partido sino que lo importante es como asumo como integrante de un equipo la derrota.  

Constantemente Miguel Iglesias repetía que ante la derrota un jugador debe mantener su cabeza en alto, su espalda derecha, el pecho hacia afuera y saludar con valentía al rival que había logrado el triunfo. También decía que el rugby siempre da revancha y que la importancia de la actitud dentro del juego del rugby no residía en las veces que se ganó o perdió, sino la cantidad de veces que te levantas con más ímpetu después de cada derrota. No importa tanto cuantas veces te tacklean sino cuantas veces te volvés a levantar.

 

La actitud ante el éxito  

 

? Honrar al oponente que tanto tuvo que batallar para mantenerse en pie.

? Agradecer su entrega y valentía.

? Humildad ante el resultado favorable.

? Servir con humildad a quien hizo posible nuestro triunfo.  

 

Estas son las actitudes con las cuales se debe formar un jugador de rugby de excelencia, este es el criterio a adoptar luego de una victoria. Recuerden que los índices numéricos son cambiantes; lo que no cambia nunca es la actitud de quienes entienden el rugby como un medio formativo. Es obligación del coach hacer comprender este principio fundamental del juego del rugby y del hombre de rugby: la humildad forja un carácter de por vida.

 

La actitud ante la trampa

 

La honestidad es uno de los atributos más importantes que un coach de excelencia debe transmitir a un jugador de rugby. En los antiguos juegos griegos todo participante que rompiera las reglas o tratara de sobornar al juez tenía que pagar una multa y se le obligaba a esculpir una estatua de sí mismo, inscribiendo en ella su nombre y la naturaleza de su ofensa.  

A tales estatuas se las conocía como zanes. Tal vez lo más notable de los juegos de la antigüedad es que a lo largo de mil años se esculpieron sólo 13 zanes.  

Sin embargo, existen otras formas de ser honestos en el deporte que van más allá de las trampas. En el golf hay una regla que dice que se descalificará al jugador que falsifique su tarjeta o no la entregue firmada. En una ocasión el conocido golfista Gary Player entregó una tarjeta sin firmar y fue descalificado.  

Los periodistas preguntaron si no había ningún juez cerca que le recordará firmar y él contestó: "Mi amigo, hay ciertas responsabilidades en la vida que uno no puede hacer descansar sobre los hombros de otros. El responsable de firmar era yo, y ahora debo pagar las consecuencias"  

En 1932, Lauri Lehtinen de Finlandia era favorito para ganar la prueba de los 5.000 metros. Sin embargo, un norteamericano de apellido Hill comenzó muy bien la carrera. Cuando Hill quiso adelantar a Lehtinen, este le bloqueo el paso durante dos momentos motivo por el cual Hill perdió el paso y el ritmo y perdió la carrera. Fue tal el abucheo de la concurrencia que al momento de ser coronado ganador, Lehtinen bajo del podio y entregó su medalla a Hill como muestra de desaprobación por su actitud durante la carrera.  

Demostrar como los valores de la honradez y lealtad superan a la humillación de la trampa son responsabilidades del coach.

 

La actitud hacia el rival

 

Sabemos que este es un juego de conjunto que cuenta con algunos elementos para poder ser realizado. Uno es el referí que puede no estar, otra es la cancha que también puede faltar, otro es la pelota que podemos conseguir hacerla nosotros mismos y la última es el adversario que es irremplazable, no podemos jugar al rugby sin un equipo oponente; de manera que nuestra actitud hacia el debe ser siempre de agradecimiento por permitirnos compartir un juego tan apasionante.  

Agradecer al rival significa honrarlo con nuestro juego, con nuestra tenacidad, con nuestra valentía. También honrar a nuestro oponente significa dar el 110 por ciento de nuestra capacidad al logro de un partido brillante. Honrar a nuestro adversario significa, también, no tener lástima o compasión a la hora de ser duros, significa marcar la mayor cantidad de puntos posibles, significa luchar cada pelota como si fuera la última, significa no bajar los brazos si el partido se escapa en el tanteador. Honrar a nuestro adversario significa tener humildad ante el éxito y dientes apretados ante la derrota. Honrar significa respetar y hacerse respetar, en cada tackle, en cada scrum, en cada line, en cada ruck o en cada maul. Honrar es agradecer la deferencia de jugar con nosotros. Honrar significa hacer lo correcto en cada momento.  

No es honrar al adversario hacer cosas que están fuera del camino de acercarnos a nuestro objetivo, eso es tratarlo como inferior, y eso definitivamente, no es honrar al oponente.

 

La actitud durante el tercer tiempo

 

Dicen que el tercer tiempo nació en Irlanda, cuando Fergus Flannagan, capitán del Mulligham School, después de un partido con el Farm College del mismo pueblo, invitó a Dermon O´Flaherty y su equipo a festejar con una copa la amistad y lealtad que se había forjado a través de la pasión por el juego que estaba en sus comienzos y necesitaba de la participación de todos. Si bien es una hipótesis, en el fondo el origen tiene que haber sido compartir una copa entre amigos después de haber luchado lealmente en el campo de juego. El tercer tiempo entonces, interesa a gente que comparte y participa de este juego, y lo vive como medio para ser mejor persona, gente que le interesa al otro. Así de simple.  

Es decir, el tercer tiempo es un lugar de encuentro, de gente de rugby. Un medio para relacionarse y divertirse, que al igual que el juego, se enseña, se aprende y se educa desde infantiles, y se sostiene desde el plantel superior y la dirigencia. (extracto de "Orígenes y sentido del tercer tiempo" por Cesar Silveyra).  De forma tal que la actitud del jugador en el tercer tiempo debe ser:  

 

1. Llegar temprano y aseado.

2. Servir a su rival antes que a sí mismo.

3. Atender a todos.

4. Poner onda.

5. Estar a disposición de las necesidades de todos.

6. Irse lo más tarde posible.  

 

Indudablemente esto es aplicable tanto al jugador como al coach, siendo importante que el coach no solo lo predique sino también lo practique.

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