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ALERTA AMARILLA


Miguel García Lombardi es psicólogo social con conocimientos en alto rendimiento y analiza la relación entre la presión mental y las infracciones en el rugby.

Miércoles, 12 de Septiembre de 2012 | 08:35

El desafío más fuerte que enfrentan Los Pumas, y también los otros tres equipos, es jugar seis partidos seguidos de alto nivel físico y mental. Ni en un mundial se juegan seis partidos de primera exigencia internacional, ya que en la fase de grupos participan equipos de segundo y tercer orden.

No es el caso de este primer Championship, en donde para todos es una experiencia nueva, ya que tampoco el Tres Naciones anterior los obligaba a jugar seis partidos seguidos de parejo nivel de exigencia. Esto es lo único totalmente nuevo, lo que nadie vivió antes: siete semanas de altísima intensidad, y, en el caso de Los Pumas contra tres equipos que casi monopolizaron los Campeonatos Mundiales.

En este aprendizaje, la cabeza juega, como siempre dice todo el mundo, un papel fundamental. ¿Pero qué cosas “de la cabeza” son un desafío más específico para Los Pumas? Teniendo en cuenta los partidos jugados hasta ahora es el control emocional. El control emocional es aquello que permite ejercer una conciencia permanente sobre las acciones a pesar de estar casi inundados de pasión, adrenalina, alta tensión perceptiva y enjundia tackleadora.

Ni la defensa ni la actitud de atacar y jugar de igual a igual ni el orden táctico  ni la resistencia física son asignaturas pendientes. O por lo menos aspectos que se deben mejorar en forma urgente.

No, la ventaja que están dando Los Pumas es en la cantidad de penales que cometen y en las tarjetas amarillas.

Muchos jugadores repetían antes de los partidos: “Tenemos que jugar el partido perfecto”. Como expresión de deseos me parece bien, como metáfora también; porque si errás el primer line del partido ¿ya sabes que no será el partido perfecto y por lo tanto vas a perder? No, lo importante es cometer la menor cantidad de errores posibles, y sobre todo, no agrandarlos perdiendo la concentración si se quedan pensando en la falla. Y más cuando eso quita confianza. Y evitar los peores errores que te llevan sí o sí a tu campo: los penales. Y la amarilla es el peor de los errores.

La estadística plantea que una tarjeta amarilla equivale a 7 puntos en contra: se abren espacios y se anota normalmente cerca de los palos. Genera un desgaste mayor físico y mental que luego pasa su factura al rendimiento, ya que la amarilla genera un inmediato desánimo en el equipo castigado.

Nunca hay que leer o entender una amarilla como producto de un error individual, ya que más allá de que alguien es el responsable, las mismas en general se producen luego de un comportamiento colectivo de cierto descontrol y, muchas veces, la amarilla es explícitamente marcada por el árbitro como castigo al equipo, sancionando específicamente al último que comete la infracción.

Con Nueva Zelanda, Los Pumas cometieron 9 penales en el primer tiempo (casi el doble del promedio esperable o tolerable para ellos mismos) y cuatro en el segundo. Poco antes de la amarilla pierden un line sin disputarlo por demorar, cuando ya habían sido advertidos. Esta baja en la atención, este progresivo descontrol emocional, este exceso de especulación y de caminar por los límites, constituyen los pequeños detalles que hacen a la diferencia en este nivel de competencia, y son los que salen a la luz en esta nueva exigencia.

Algún entrenador me explicó una vez que muchas veces las amarillas son por jugar al límite del reglamento, para ahogar la salida, para demorar el juego y producto de la vehemencia de los jugadores al ir a tacklear o contra ruckear.

Sí, pero esto es altísimo rendimiento, entonces entre las cosas que tenemos que aprender es a jugar así sin cometer tantos penales y manteniendo la enjundia y la pasión por el tackle y la defensa. Entrar por el costado, retener más de lo permitido, protestar un fallo, son acciones evitables si se piensa en el conjunto. En las infracciones triunfa el “yo” por encima del “nosotros”.

La amarilla no sólo aumenta la exigencia física, la técnica, la estratégica y la táctica, sino la mental. Y dentro de la mental, el control emocional, que en general ha funcionado muy bien en el equipo, es casi la única pequeña diferencia que puede generar el desbalance.

El costo de evitar un try puede ser muy alto si se gana una amarilla por esa inconducta, ya que luego sobrevendrá casi con seguridad otro y no se sentirá todo el poderío del equipo para ir a descontar inmediatamente, justamente por tener uno menos. Ante estos rivales, el error más grave parece ser jugar con uno menos, ya que no perdonan.

“La amarilla nos sacó piernas, nos cansó mucho y ellos mantuvieron la intensidad y encontraron los espacios…”, explicó Albacete.

No se trata de caerle a Farías, ni mucho menos. Se trata de entender que estas pueden ser conductas colectivas que hay que concientizar para cambiar el sistema de creencias: “No hago penal porque es perjudicial para el equip”, o “No cometo penal para evitar el try porque confío en que mis compañeros lo puedan evitar”. Cambiar el monólogo interno, a partir del diálogo colectivo.

El altísimo nivel demostrado por los jugadores en cuanto a orden, sacrificio, entrega y concentración se puede desperdiciar por falta de control emocional. Pequeño, mínimo, casi imperceptible, pero que termina haciendo la diferencia.

“Hay que escuchar mas el árbitro”, dijo Tati Phelan. Bueno, esa imposibilidad de escuchar habla de un exceso de emoción. O de un nivel de “ruido interno” que no permite conectarse y leer bien el entorno, y que no permite escuchar.

Falta poco para ganar, porque esta “batalla mental por el control del espacio y la pelota” que alguna vez alguien definió que era el rugby, cada vez es más pareja. Y estos jugadores demostraron que están con actitud de aprendizaje permanente, clave para no dejar de crecer.

Los Pumas siguen creciendo, y en ese camino seguramente se pondrán en el listón de la superación permanente la disminución de penales en contra y la ausencia de amarilla.

* Miguel García Lombardi es Psicólogo Social con conocimientos del Alto Rendimiento. En rugby trabajó en los Clubes Liceo Naval, CUBA y La Plata Rugby Club, en la URBA y colaboró con el staff de Los Pumas 2007 y de Seven 2009.

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