DESAFIÓ SUS LÍMITES Y CUMPLIÓ SU SUEÑO

Nuestro ocasional colaborador Nicolás Pueta cuenta su historia en un diario argentino.

21-06-2008 12.58 Noticias de: Intimidad del Maul
Nicolás Pueta en una foto de Prematch.com.ar

Era un sábado de otoño y el sol caía sesgado en los jardines del campo de deportes del Colegio San Andrés, en San Isidro. Nicolás, apoyado en los codos, sostenía firme su mirada sobre ese grupo de chicos que corría detrás de una pelota de rugby. El entusiasmo por jugar junto a ellos se le anidó en la boca del estómago hasta que un día no se resistió más y desafió a sus limitaciones. Por entonces, Nicolás Pueta tenía apenas 6 años y solía observar desde un costado las clases de educación física porque tiene una malformación congénita en una pierna (la izquierda es más reducida que la derecha). Sin embargo, ese mediodía luminoso algo cambió, y su vida comenzó a proyectar una historia de pasión y esfuerzo que se mantiene en la actualidad.

Nicolás tiene ahora 25 años y es jugador de la intermedia de San Andrés. En la cancha se desempeña a los saltos, con una destreza impecable y el temple de un atleta. Lejos de ofrecerles alguna ventaja a los rivales, es veloz, vigoroso y cuenta con un corazón de acero. En octubre último, durante el Mundial de Francia, Nicolás fue galardonado por la International Rugby Board con el premio Espíritu del Rugby. La distinción le abrió las puertas para ir a Inglaterra, donde se encuentra hoy nutriéndose del juego en un club de la ciudad de Newcastle. Allí actúa en Rockliff, un equipo regional, pero también estudia para ser entrenador. "Mi idea es aprender y poder dedicarme full time a esto. Quisiera enseñar en la Argentina, en San Andrés o en varios clubes", le cuenta a Comunidad desde Europa.

Lo que ocurrió durante los años anteriores en la vida de Nicolás es parte de una secuencia vertiginosa, llena de preocupaciones. Primer hijo de Daniel y Mónica, Nicolás fue operado a los 6 años por una malformación en el fémur izquierdo. No fue una intervención exitosa, por eso 12 meses después se intentó nuevamente. Le pusieron un yeso durante más de seis meses y estuvo casi inmóvil. Los médicos habían decidido ponerle una prótesis para igualar las medidas de las piernas, pero para eso había que fijar la rodilla izquierda y someterlo a otra operación. Nicolás se opuso, tajantemente. "Nací así, y punto. Siempre hice de todo, y si me faltaba una pierna no importaba porque tenía más fuerza en los brazos. Siempre fui autosuficiente y te diría que no sé ni qué soy: no soy lisiado ni soy discapacitado porque puedo hacer de todo", dice, con naturalidad.

Respaldo incondicional

A sus padres les costó, al principio, aceptar la decisión de Nicolás de no querer ponerse la pierna ortopédica. Sin embargo, el respaldo a su hijo siempre fue incondicional. "Nunca iba a estar contento hasta que no jugara al rugby", recuerda Mónica. Daniel, que además abona la historia por ser profesor de educación física, rememora las palabras de uno de los médicos que atendieron a su hijo. "El doctor Derqui nos tranquilizo cuando nos dijo que, al fin y al cabo, Nicolás era quien iba a determinar cómo iba a ser su vida", comenta. Y así fue: Nicolás desafió sus limitaciones y no le temió jamás al riesgo de lesionarse en la otra pierna y quedar en silla de ruedas. "Yo siempre quise practicar deportes. Mi pasión es el rugby, pero antes jugaba al básquetbol y hacía natación", relata.

Es válido decirlo: una vez Nicolás sufrió un gesto de discriminación dentro de una cancha. Lo recuerda con una sonrisa, con simpatía. "Fue un partido frente a Liceo Naval, cuando un rival me llamó rengo . De inmediato, los propios compañeros le exigieron que me pidiera disculpas. No pasó a mayores", explica.

Por estos días, Nicolás administra su tiempo en Inglaterra entre el rugby y los cursos técnicos de formación para entrenadores. También trabaja, aunque en nada fijo y todo muy variado, de traductor y cronista de un sitio Web a camarero o bibliotecario. "Hago mil cosas extras", dice.

A la distancia, su voz se oye encendida y es una música de entusiasmo para los oídos. Antes de despedirse, cuenta que desea regresar al país para volcar sus conocimientos, y que anhela ayudar al crecimiento deportivo de San Andrés. Tal vez vuelva dentro de un mes. Mientras tanto, su relato e historia de vida, tan latente pese al paso del tiempo, dejan una hendija abierta al optimismo.

Fuente: La N...


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